Las invitaciones fueron un éxito. Se habían apuntado todas las ciento cincuenta personas a las que enviamos la invitación. Danielle se sintió un poco mal porque algunos tuvieron que romper serios compromisos familiares para poder acudir, y eso también hacía que me sintiera mal, pero la gente estaba feliz por venir a esta fiesta. En dos días se había convertido en un fenómeno social e incluso portada del periódico. Hasta en el pueblo de mi abuela se convirtió en noticia.
Alex y James estuvieron ajetreados toda la semana con el tema de las bebidas. Mi tío llamó a varios proveedores para que le pudieran dar bebidas sin pagar un precio excesivo. James se puso en contacto con un amigo suyo para que le diera los vasos. Al final, se decidió por lo más económico: los vasos y los platos, de plástico.
Mi relación con Drake mejoró conforme pasaban los días. Pero no solo con él, sino con todo el mundo. Cedric me llamó cuando le llegó la invitación y estuvimos hablando sobre los colores que Danielle y yo habíamos elegido para que los chicos vinieran vestidos. A él le parecieron los más adecuados.
Pero no solo estuve hablando con Cedric Bradbury, fui a su casa, conocí a sus padres y me enseñó algo sobre coches. También me mostró su Audi S6 y las aplicaciones que tenía. Nunca me sentí tan a gusto en un automóvil, ni siquiera en el mío. Sus padres eran majísimos; se llamaban Mathew y Claire Bradbury.
No vi a Drake, pero me dio las gracias por la invitación. Le escribí otro correo, contándole claramente cómo era mi vida ahora.
Drake:
Si supieras lo genial, lo guay que me encuentro… ni con palabras se puede expresar. George y Margaret… ¿los recuerdas? Pues sí, esos dos son casi los principales causantes de mi felicidad. George se está empezando a comportar como un padre y Margaret… pues casi como una madre. Supongo que estarás alucinando, pero después de seis meses asquerosos me alegra saber que todo seguirá igual como si nada hubiera pasado.
Y Cedric… ojalá pudiera hablarte de Cedric. Se perfectamente que os conocéis, que vuestros padres os han presentado, pero… es increíble, por lo menos para mí. Después de todo, aún guardo la capacidad para hacer amigos. Espero que os llevéis bien. Significaría mucho para mí si lo hicierais.
Bethanie
A decir verdad, su respuesta fue bien clara y concisa. No me imaginaba que mi mejor amigo tuviera tanta empatía, al menos yo no conocía esa faceta suya.
Bethanie:
Ya sé quién es Cedric Bradbury, mi padre me habla de él constantemente diciéndome que debería de copiar alguna de sus cualidades. Si te hace feliz que me lleve bien con él… supongo que lo haré.
Me alegro de que la vida te vaya bien y espero que te siga yendo así. La impaciencia me puede por la llegada de la fiesta.
Drake
En cuanto a la fiesta, Danielle y yo buscamos la decoración perfecta. Como el jardín de nuestra casa era el más grande de todo Shadows y comunicaba con un lago más grande que el de nuestro jardín, hicimos un camino para llegar hasta allí. Aunque fuera rocoso y un poquito largo, llevaba a un paraje precioso. Era una hermosa terraza con vistas a un gran lago en cuya superficie podían apreciarse los reflejos de la luna y las estrellas del cielo. Estaba rodeada de plantas, en las cuales estaban situados pequeños farolillos que emitían una tenue luz. Pusimos un estéreo y varias mesas repletas de comida y bebidas.
Faltaban apenas veinte minutos para que comenzara la fiesta. Todo el vestíbulo estaba decorado; había catorce velas aromáticas, veinticuatro vasos y siete botellas en cada una de las seis mesas que se situaban desde el vestíbulo hasta el jardín. Alex se había encargado de segarlo.
Danielle estaba preciosa. Llevaba un vestido blanco y gris hasta la rodilla que le marcaba la cintura y su melena rubia estaba recogida en un moño adornado con una peineta de brillantes. Sus ojos grises centelleaban a la luz violeta de los focos. En esta fiesta ella también era la protagonista. Ni siquiera se maquilló tanto como yo me esperaba. Tuvo buen gusto para resaltar una sola zona de la cara; los labios. Se los pintó de rojo sangre.
James iba un poco más clásico. Su traje era blanco, color que le favorecía enormemente y tanto su camisa como sus zapatos eran negros. Su pelo negro iba despeinado artísticamente con agua y sus ojos verdosos se mostraban abiertos como platos, observando a la gente que pasaba por la puerta.
Hasta que no terminara de llegar la gente, no bajaría abajo. Estaba observando el escenario de la fiesta desde el balcón de la escalera. Mi vestido, como le había dicho a Danielle, era malva con escote palabra de honor y lo llevaba marcado con una franja blanca. Me puse rímel en los ojos y gloss transparente en los labios. Ni siquiera me puse sombra de ojos.
Decidí bajar abajo por el modo menos ostentoso y llamativo, asique elegí la escalera lateral. Mi hermana me estaba esperando a la izquierda de la puerta principal. Me reuní con ella enseguida, y al poco tiempo vino mi hermano.
-¿Y Alex?-le pregunté a James.
-Está en la entrada al aire libre recibiendo a los invitados con Richard y Rasta-me explicó.
-¿Y George, Margaret y Natalie?-volví a preguntarle.
-En la casita del jardín. No te preocupes, todo saldrá bien-me aseguró en voz baja.
-No estoy preocupada, simplemente no quiero que nadie salga mal parado por culpa de imprevistos.
-Como todos-dijo encogiéndose de hombros. Asentí.
-Creo que es hora de poner la música-dijo Danielle.
-Totalmente de acuerdo-coincidimos James y yo al unísono.
Puso una canción que reunía algunas características del viejo rock estadounidense de la década de los ochenta, algo parecido a la vieja música de los inmortales Beatles. Danielle sacudió la cabeza y cambio de canción. Tenía cuatro discos con música de grupos conocidos, entre los cuales estaba mi favorito. Empezó a sonar una que comenzaba con un solo de piano cantada por, precisamente, mi grupo predilecto.
En ese momento, Cedric Bradbury apareció por la puerta. Danielle y James ya se habían ido para supervisar que todo estuviera en orden. Sin embargo, yo me quedé hablando con él.
Llevaba un traje completamente negro, formado por una americana y un pantalón con unos brillantes zapatos haciendo juego. La camisa era blanca y llevaba una corbata negra, típico traje pijo. Le sonreí.
-Veo que has venido como un figurín-bromeé. Me devolvió la sonrisa.
-Supongo que me estás diciendo que estoy muy guapo-se rió-Gracias, y tu también estás… guau, me esperaba que estuvieras menos… arreglada.
-Una anfitriona no puede fallar a sus invitados. Sería de muy mala educación-intenté disimular que estaba roja como un tomate diciéndole eso con seguridad. Funcionó a medias.
-¿Va a venir Drake a esta fiesta?-preguntó como si tal cosa.
-Sí, me dijo que iba a venir. ¿Por qué? ¿Te cae mal o algo?-inquirí ligeramente preocupada.
-No, es para preguntarle lo de los bombones. Creo que tú no se lo has preguntado por mí como te dije-me reprendió, riéndose entre dientes.
-Mmm… vale, no lo he hecho pero se lo puedo preguntar hoy. Drake... se enfada muy rápido.
En ese momento, toda la habitación se quedó a oscuras. La música podía sentirse en el pecho. Desde donde estábamos pude distinguir cómo Robert Bale sacaba a bailar a mi hermana. James invitaba a Kelly Preston,... podía observar cómo la gente se lo pasaba pipa moviendo el esqueleto en el centro de la pista de baile.
-¿Quieres bailar conmigo?-me preguntó con un poco de timidez. Le miré, extrañada y feliz al mismo tiempo.
-¿No podías haber encontrado otra manera más… educada de decírmelo?-le tomé el pelo. Negó con la cabeza esbozando una sonrisa de suficiencia-Sí, claro que quiero-acepté.
Nos pusimos en una posición quizá demasiado típica para bailar. Me pasó las manos por la cintura y yo las puse encima de sus hombros, cruzándolas sobre su nuca. Empezó a sonar, no sé si por casualidad o porque alguien quiso, una canción demasiado lenta y romántica. Resoplé. Intenté no ponerme nerviosa, pero era casi imposible. Menos mal que con la oscuridad no podía verme la cara.
La sala volvió a la luz. Esta vez, las luces de colores habían cambiado de tonalidad. Ahora eran de un color fucsia y parpadeaban en el centro de la pista de un modo febril. Maldije al diablo. Me gustaba más la sala a oscuras. Pero cuanto más lo pensaba, más sufría. ¡No sabía nada de mí, ni por qué me peleé con Drake, ni nada! No sabía nada de mi encierro, ni tampoco de mi madre. Bueno, en realidad, yo tampoco tenía mucha idea con respecto a eso, pero mañana leería la carta atentamente.
-Me siento como si estuviera en un reality show-decidí que sincerarme sería lo mejor, teniendo en cuenta que pasado mañana, dentro de menos de cuarenta y ocho horas, iba a saberlo todo sobre mí.
-¿Debería de sentirme sorprendido viniendo de alguien como tú?
Puse los ojos en blanco.
-Supongo que no-respondí con vagancia.
-Bailas realmente bien-me piropeó-Creía que iba a llegar a casa con un horrible dolor de pies por tus pisotones- bromeó expresando un dolor fingido.
-¿Y quién te asegura que no volverás a casa con dolor de pies?-le desafié. Puso cara de susto.
-¿No pretenderás pisarme a propósito, verdad?
Enarqué una ceja esbozando una sonrisa malévola.
-Pruébame-le insté-No me conoces tanto como crees.
-Ahora solo falta que llegue Drake a la fiesta y que nos observe bailando. Entonces se enfadará tanto contigo que… tal vez no volváis a ser amigos.
-No tiene por qué enfadarse. Él sabe que somos amigos.
-¿Quiénes? ¿Tú y yo o tú y él?-preguntó, confuso.
-Reformularé la frase, ¿de acuerdo?-le aseguré-Drake y Bethanie son amigos, por lo que Drake no tiene que enfadarse si ve a Bethanie bailando con Cedric.
-Supongo que con eso lo has dejado todo claro. La fiesta aún empieza…
-Y no queremos que acabe en tragedia-concluí la frase. Sonrió.
-Supongo que sí. Si no, tu padre… uf, no me quiero ni imaginar la que se armaría.
-No es tan ogro como crees, Cedric. A veces solo…-decidí callarme.
-Ya, entiendo. Es un poco incomprendido, a mi padre también le ocurre eso muchas veces.
-¿Tanto como a mi padre? No creo…-desconfié.
En ese momento, como él había predicho, Drake apareció. Lo hizo vestido con un traje negro muy elegante, llevando una camisa blanca por debajo y una corbata azul. La extraña tonalidad de la corbata le combinaba muy bien con el traje. Me observó con ojos llorosos, y en su rostro podía distinguirse un matiz de dolor. No lo ignoré y me deshice de los brazos de Cedric.
-¿Qué haces?-inquirió desconcertado.
-Tengo que ir a hablar con Drake-le expliqué.
-Pero no puedes, dijiste que no se enfadaría-casi me lo prohibió con voz autoritaria.
-Cedric, es mi amigo de toda la vida y aunque últimamente haya estado enfadada con él, no puedo perderle. Es casi lo único que tengo.
-Me tienes a mí y a tú familia-me recordó tirándome de la mano para que no me fuera.
-A mi familia por partes y a ti no sé… por favor, déjame ir a arreglarlo.
-De acuerdo, pero ven pronto-me pidió.
-Seguro-le prometí.
Decidí ir a buscarle. Se había ido en dirección a la cocina, por lo que atravesé la pista de baile intentando no causar la más mínima molestia y me encaminé hacia allí. ¿Por qué se enfadaba? ¡Yo no tenía nada con él! Más bien, con ninguno de los dos. Con Drake solo tenía una preciosa amistad y con Cedric… una relación de complicidad.
Al final, le alcancé. Tuve que andar un poco deprisa, me dolieron los tobillos e incluso pude caerme al suelo, pero no paré. Tuve que agarrarlo de la chaqueta para que me hiciera caso. Se volteó a regañadientes. Para mi desgracia, su expresión resultaba tediosa y triste.
-¿Por qué te enfadas, Drake?-le pregunté, pero sin alzar el tono de voz.
-Una pregunta, Bethanie-dijo con los ojos llorosos-¿Me has invitado solo a esta fiesta para que viera como bailas con el Cedric ese? Porque bailáis fatal si eso es lo que tanto te preocupa. Un movimiento muy aburrido, meciéndoos por la pista de baile.
-Sabes que no es así-le aseguré con ojos graves.
-¿No comprendes que te he extrañado durante estos meses? ¿Qué no sé cómo estás, ni que te ha pasado? ¡Apuesto a que el Bradbury ese lo sabe todo!
-¡No sabe nada, Drake Marsden! ¡No hables de las cosas si no tienes ni idea! Tú no sabes… nada-dije entre dientes.
-Yo… odio estar enfadado contigo Bethanie, pero es que… casi me obligas-dijo acercándose a mí mientras me ponía sus manos sobre el cuello.
-Pero ¿por qué te pones así, Drake? Sabes que yo también te quiero.
-¿Cómo me quieres?-inquirió con tono desconfiado.
-Pues mucho supongo ¿por qué?-quise saber.
-No, me refiero a que si me quieres…-dejó la frase sin concluir. De inmediato supe a qué se refería. Me apuré a negar rápidamente con la cabeza, casi sin dar crédito.
-Oye, perdona. Drake, yo te quiero como un amigo, pero… solo como eso. En nuestra amistad hay límites y sabes cuales son.
-Pues tenemos un serio problema-admitió, quitándome las manos del cuello y echándose hacia atrás.
-¿Cómo? ¿Qué problema?-pregunté confusa.
-Estoy enamorado de ti, Bethanie. Me di cuenta cuando te fuiste de mi vida durante estos seis meses… todos esos e-mails, las palabras bonitas que había en ellos… te quiero y… Cedric Bradbury me parece un intruso. Por favor, no te vayas con él-me rogó. Casi me desmayé, pero por desgracia me mantuve en pie. Hubiera dado la vida por abandonar la realidad unos minutos.
-Sabes de sobra que no siento lo mismo por ti-le rechacé, aunque no sabía si estaría hiriendo sus sentimientos.
-Pero…
-Vas a estropearlo todo, Drake. Por favor, no lo hagas-le pedí.
-De acuerdo, Bethanie-cerró los ojos fuertemente-Pero siento decirte que tu lo has estropeado con Cedric Bradbury. Lo siento-dijo yéndose.
-¿Qué? Espera un momento Drake-le exigí alzando el tono de voz-Yo no te dije nada cuando estabas saliendo con Chelsea.
-Estás confirmando que tienes algo con él.
-¡No! Te estoy diciendo que me comprendas, que te pongas en mi lugar. Esta es mi fiesta y no quiero que la eches a perder por tus absurdos celos.
-¿Absurdos celos? ¿Crees que es muy divertido ver a tu… bailando con un chico completamente desconocido?
-Solo soy tu amiga, Drake. Tu mejor amiga, y tú también lo eres. De momento nadie ha usurpado el lugar que ocupas en mi vida.
-Ah, de momento. O sea que estás abriendo posibilidades para que alguien me lo quite-sospechó con el mismo tono de antes.
-¿Sabes qué? Aún no comprendo cuando te volviste tan capullo-me sinceré, yéndome yo.
-Bethanie-musitó-Oye, mira se que la estoy cagando ¿vale? Siempre lo hago, es lo que mejor se me da, pero… no quiero perderte de nuevo, no lo soportaría. Te…
-¡No me lo repitas!-le dije, poniéndole la mano encima de la boca-Por favor, no me digas que me quieres otra vez. No me está sentando bien esta noticia, creo que me estoy empezando a marear.
-¿Cómo? ¿Te encuentras bien?-inquirió preocupado, pasándome el brazo por los hombros.
-Sí, sí. No te preocupes-dije quitándome sus manos de encima. Intenté no poner una mueca de asco.
-No sé qué te pasa-se mosqueó.
-Pues que me…quieres. Eso es lo que me pasa, idiota.
-Entonces es mejor que me vaya-decidió.
-Por favor-le pedí.
-¿Quieres que me vaya o que me quede?
-No sé-contesté con fastidio.
-Pues entonces me voy, Bethanie. Yo creo que es lo mejor. Pero aquí no acaba nada. Solo empieza. Si Cedric te quiere… haré lo imposible para conseguirte.
-La que tiene que elegir soy yo-le aclaré separando las palabras.
-¿Me elegirías a mí en vez de a él?
-Cedric no siente nada por mí. Soy muy poquita cosa para él, pienso yo… Y en cuanto tu, pues nada. Porque somos amigos y ya está-concluí.
-¿No soy tu tipo o qué?
-Pues no, ¿sabes? No me gustan los rubios.
-Pero los morenos sí, ¿verdad?-preguntó con malicia.
-Honestamente, más que los rubios…-admití.
-¡Me voy! No te mereces que te siga molestando. Esta es tu fiesta y no quiero estropeártela.
-No lo hagas, Drake. Sabes que no quiero eso. Por favor…-le rogué.
-Adiós, Bethanie-se despidió. No mereció la pena alcanzarle, pues ya se había adelantado bastante. No lloré, no quería estropearme como una tonta el maquillaje.
El no podía quererme, yo no podía quererle. Ni a él ni a nadie. Cuando conoces a alguien personalmente, no te imaginas lo que vendrá luego. No sabes si lograrás conseguir su teléfono, si seréis amigos toda la vida, si lograrás tener algo más o si os odiareis. Cuando yo conocí a Cedric, no me imaginaba que estuviera rellenando todo el vacío que mi madre dejó. Cuando conocí a Drake, en cambio, supe demasiado pronto lo que pasaría, pero era demasiado cría para comprenderlo.
Volví al balcón de la escalera, solo eso conseguiría tranquilizarme. Ver la fiesta sin mí, aunque aquello fuera un poco masoquista. Todo estaba casi en orden. Mi hermana seguía bailando con Robert Bale, Kelly Preston estaba bailando con otro… y Cedric estaba esperando con gesto ausente al lado de la mesa donde estaban la comida y las bebidas. Drake había desaparecido ya.
En ese momento, giré la cabeza y contemplé los ojos chocolates de mi hermano James. Sentí ganas de gritar por el susto que me había dado, había subido a oscuras hasta aquí. Me contuve.
-¿Algún día pararás de darme sustos que podrían causarme problemas cardíacos?-inquirí con sarcasmo, pero casi hablando en serio.
-¿Por qué estás aquí?-me preguntó.
-No me contestes con otra pregunta. Sabes que lo odio-le recordé.
-Te estás perdiendo la fiesta-me regañó.
-¿Sabes por qué?
-No-respondió.
-Drake me quiere-le contesté con asco.
Soltó una carcajada que casi se podía oír en el piso de abajo. Le dediqué una mirada envenenada y volví a mirar a la pista de baile.
-¿Ahora te das cuenta?-preguntó entre sonoras risas.
-¿¡Tu ya lo sabías!?-inquirí con la boca abierta. Esto le motivó y volvió a reírse sonoramente.
-Claro que lo sabía, vamos, por supuesto. Vaya ciega que estás, hermanita. Tienes que espabilar-me recomendó con voz temblorosa por sus risotadas.
-¿Y por qué no me lo dijiste antes? Me acabas de poner en un compromiso muy grande.
-Creo que no te entiendo… Espera, ¿qué te ha dicho exactamente?
-Que estaba enamorado de mí-respondí llevándome las manos a la cabeza.
-¿Y…has…necesitado…eso…para…que…te…dieras cuenta de la verdad?-me preguntó arrastrando las palabras con asombro. Ya no se reía.
-Pues sí. Pero yo no quiero salir con él. No es mi tipo-me apresuré a negar.
-¿Y quién lo es, entonces?-curioseó. Alzó las cejas antes de que me diera tiempo a responder, se quedó boquiabierto y se respondió solo. Supe lo que iba a decir-¿¡Cedric Bradbury es el chico con el que quieres estar!?
Sus exclamaciones no se oyeron en el piso de abajo, por suerte. La música estaba demasiado alta.
-¿Por qué todos me decís lo mismo?-inquirí molesta.
-Pues porque, ¡jope! Es que ellos son los únicos chicos que hay en tu vida, asique si Marsden no es tu tipo, Bradbury tiene que serlo por eliminatoria.
-No me digas eso. No quiero saber nada de los chicos hasta…-dejé la frase sin concluir- la fiesta es mi única preocupación por el momento.
-Me resultas tan confusa, Bethanie-admitió molesto-A veces parece que no tienes orgullo y otras veces aparentas tener demasiado-farfulló, descontento.
-Soy rara-le confesé-Te juro que soy rara. Mañana voy a leer la carta que me dejó mi madre antes de morir y pasado mañana iré a algún sitio con Cedric. Necesita saber toda la verdad sobre mí.
-Entonces sí que te gusta-dijo afirmando, no preguntando.
-No sé, aún no lo conozco lo suficiente como para decirlo, pero es tan… diferente a cualquiera. Es único.
-Haríais muy buena pareja-caviló.
-No hagas especulaciones-le regañé con fastidio.
-¿Bajamos?-me preguntó cambiando de tema.
-Sí, eh… creo que debería de olvidar lo de Drake por esta noche.
Yo bajé por donde antes, pero me quedé en la escalera sentada. James fue hacia Kelly Preston, y Cedric Bradbury me vio sentada allí. Cogió una de las botellas de Vodka que había sobre la mesa y nadie le miró raro. Vino hacia mí con seguridad, sujetando en su mano izquierda dos vasos. Cuando llegó, se sentó cuatro escalones más arriba que yo, supongo que para que no le pudiera ver nadie. Me puse a su lado a los pocos segundos.
-¿Y bien? ¿Qué ha pasado?-preguntó con impaciencia.
-No digas nada-le callé cerrando los ojos.
-¿Tan malo ha sido?-inquirió con preocupación.
-Cedric, cuando algo va mal siempre puede ir peor-le contesté.
-Ya…te digo-dije frunciendo el ceño, mirando al vaso que sostenía en su mano izquierda-Tiene bastante alcohol-le informé mirando la botella -Lo digo por si no quieres emborracharte. No quiero imaginarme lo que dirían tus padres.
-Mis padres ahora mismo me importan muy poco-dijo bebiendo un sorbo.
-¿Por qué?-le pregunté, extrañada. Cogí la botella y bebí un trago. Se aflojó el nudo de la corbata. Me quitó la botella después de beber yo y me imitó.
-No todo es tan perfecto como crees. Soy de las personas que se criaron solas, sin ningún tipo de influencia paterna y materna. Mi familia siempre fue de banqueros. Por eso vinimos aquí, porque mi padre tenía la ambición de crear un gran banco en un pueblo pequeño- el tono de su voz era muy triste, pues casi lloraba- Mi hermano murió cuando yo tenía doce años en un accidente de moto y mi madre lo afrontó mal, muy mal. Estuvo meses encerrada en casa, sin querer salir porque se sentía culpable- aquello me recordó a una persona muy familiar- y me dejó. Sin remordimiento alguno.
>>Me crié solo, mi padre no me hacía el más mínimo caso y mi madre me ignoraba por completo. Empecé a querer ser como mi hermano, a ver si así me querían más, pero los esfuerzos, así como el tiempo perdido para intentarlo, fueron inútiles. Comprendí que la vida era como un combate de boxeo, en el que si no te defiendes acabas con heridas que el tiempo no puede curar.
Se podía leer la tristeza en sus ojos. Por un momento me pareció que derramaba lágrimas. Sí. Estaba llorando, pero no sabía si era porque estaba borracho o porque le horrorizaba recordar todo eso.
-Y hace dos años, no sé que le pasó. Supongo que le dio por pensar que había sido muy injusta conmigo. Me empezó a querer de nuevo, le dio por volver a ser mi madre. Me costó mucho aceptarla de nuevo, por lo que ahora tengo veintidós años y puedo hacer lo que quiera. Ella me abandonó, pues yo le causo preocupaciones. Si es que se preocupa algo por mí…
-Claro que se preocupa por ti. Yo también he sufrido lo mismo que tú. Mi madre murió hace seis meses por causas que desconozco, pero que pronto sabré. George Burton, es decir, mi padre, me encerró porque creía que yo era la culpable de la muerte de ella. Me obligó a dejar mis estudios universitarios. Así que, tus padres reaccionaron a tiempo, y puede que lo tuyo fuera mucho más duro que lo mío, pero…
-¿Y por qué murió?-me preguntó de sopetón.
-Se suicidó y aún no sé por qué-le respondí.
-Lo… lo siento, Bethanie-se lamentó-Soy un capullo-dijo pagado de sí mismo.
-¿Sabes quién es un capullo? Drake Marsden. Ese se lleva el trofeo de oro-le aseguré.
-¿Por qué?-inquirió con una mueca.
-El pobre cree que está enamorado de mí-cuando se lo conté, me dedicó una mirada de estupor y bebió un largo trago de la botella. Casi iba por la mitad.
-Y tú… ¿lo estás de él?
-No-negué-Jamás.
-Entonces de quién-dijo afirmando, no preguntando.
-Dímelo tú-no sé si le contesté eso porque no cuadraba una o porque lo sentía de verdad. El caso es que se me arrimó mucho, tanto que incluso me sentí bastante incómoda, pero no porque me diera apuro estar cerca de él, sino porque no sabía qué hacer. Nunca… había estado con un chico, y puede parecer raro que a los diecinueve aún no tuviera la oportunidad, pero…
Cuando la vida te ofrece una oportunidad que te parece increíble o incluso imposible, debes de desconfiar. “Al que es bueno lo tratan como si fuera tonto” eso era lo que decía mi tía Elizabeth. La vida es un juego, y si no te ciñes a las reglas del mismo, acabas perdiendo enseguida.
Se me acercó lentamente, y yo mientras tanto me imaginaba lo peor. ¿Qué haría cuando se diera cuenta de lo que hizo, cuando lo recordara todo? ¿Estaría estropeando nuestra relación con esto? Aparté la cara. Se me quedó mirando, confuso.
-A ver, Bethanie. Yo te gusto, ¿verdad?-se aseguró.
-Un poco-admití mordiéndome el labio inferior.
-Y tú a mí me gustas también-afirmó. Casi sonreí- ¿Entonces cuál es el problema? Tú tienes veinte años y yo veintidós. Somos dos personas adultas que se gustan. ¿Qué tiene de malo eso, que nos besemos? A ver, explícamelo porque creo que no lo entiendo.
-No tiene nada de malo, Cedric. Pero… estás borracho y mañana, cuando te despiertes… nada va a ser igual.
-Lo estás diciendo como si fuera a pasar algo más, como si te fuera a violar o algo-especuló con un poco de fastidio.
-No es eso, ¿vale? Se perfectamente que no va a pasar nada más, pero es que no solo tú, yo también estoy bajo los efectos del alcohol. Y cuando te emborrachas haces tonterías que puede que tú olvides, pero que la otra gente que te observa recuerda para toda la vida. En realidad, no tiene sentido que estemos aquí en la escalera bebiendo- le dije cogiendo la botella con una mano-Estamos en una fiesta, Cedric. Eso no significa que tengamos que…
-Shhh-me interrumpió-Hasta borracha te comportas de manera sensata. Mañana es futuro, dentro de veinticuatro horas y pasarán muchas cosas. Ahora limítate a pensar en el presente.
Y fue entonces cuando, con delicadeza y ternura, posó sus labios sobre los míos.
Aquello me sorprendió bastante. Su aliento no sabía a alcohol como me imaginaba, ni siquiera a otro sabor que hubiera experimentado jamás. Se parecía mucho a esas pastillas que tomas cuando tienes tos, que normalmente saben a miel y limón. Pues a eso. Pero mejor, mucho mejor.
En ese momento, no sé si por lo que estaba pasando, por las circunstancias o simplemente por el alcohol, pensé algo. La palabra futuro no tenía muchas de las connotaciones para mí que para el resto de las personas. Para mí ese término podía significar lo que pasaría dentro de cinco minutos, dentro de tres horas o mismamente dentro de un segundo. Esto podía ser una perfecta oportunidad que el destino me estaba ofreciendo para alcanzar la felicidad que tanto añoraba.
Lo que me pasaba con Drake era un simple juego donde las normas las ponía solo él y yo había decidido romperlas. Con Cedric, todo era una especie de campo de batalla. No sabes si vas a regresar a tu casa vivo o si te vas a quedar ahí. Ni yo sabía lo que sentía por él. Pero daba igual, porque seguramente mañana él no se acordaría de esto ni yo tampoco. El reloj se encargó de marcar por si solo la medianoche.

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